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El
ranchón significó un cambio en la manera de construir ya que implicó la
construcción de elementos repetidos. Eran viviendas que ofrecían las
condiciones básicas para habitar con dimensiones reducidas. En la
elaboración de este tipo edificatorio, participaron arquitectos como
Patricio de Bolomburu, responsable de otros proyectos de escala doméstica
en la ciudad, además de maestros de obra como Armando Morales y los
mismos propietarios como Francisco Molina, Pío García de la Iglesia y
Simón Gómez.
El ranchón, también conocido como barracón o casa de habitación,
consistía de compartimientos estrechos y profundos, orientados hacia el
espacio público de la calle y hacia el patio interior donde se formaba un
pequeño vecindario. El frente tenía un balcón, que servía de acceso y
de elemento de transición entre la calle y la vivienda. Era también la
entrada al zaguán, que daba acceso al patio y a las viviendas del
interior. Una vez en el interior del patio, la mayor parte de las
viviendas carecía de balcón, entrándose directamente del espacio común
a través de una escalera que separaba la vivienda de la tierra. A pesar
de la acumulación de basura y agua, tanto de los desagues del lavado de
ropa como de las cocinas y baños, los malos olores y la presencia de
animales, allí se desarrollaba una vida intensa, tratándose, como sucede
en este tipo de edificación, de un espacio que complementaba el exiguo
espacio interior. Este patio común y las galerías eran utilizados
como espacio de trabajo para lavanderas y pequeños artesanos, estaban
localizadas las duchas y servicios sanitarios comunales, mas espacio de
almacén, además de servir como lugar de socialización.
El trabajo de las lavanderas se veía afectado por la humedad y la lluvia
que tornaba fangoso e inutilizable el patio y lo convertía en “foco de
paludismo”. Las mujeres lavanderas, necesitadas de mejores condiciones
ambientales para llevar a cabo su trabajo, formaron el Gremio de
Lavanderas de Puerta de Tierra. A fines de siglo, en 1895, el gremio fue
parte integrante de las muchas huelgas y protestas que se desarrollaron en
la isla como resultado de la difícil situación económica provocada por la
crisis inflacionaria. Entre sus líderes se destacaron Sandalia Torres,
Edubige Pimentel y Ángela Pizarro. En 1900 solicitaron la construcción de
lavaderos públicos, proyecto que ya había sido aprobado desde el siglo
anterior. Aunque no hay evidencia de su construcción, el incidente da
indicios de la organización y el sentido de comunidad que se logró en el
barrio para mejorar las condicones de vida.
El patio vino a ser un espacio público alterno que, al estar contenido y
aislado de la calle, permitía que los usuarios tuvieran un sentido de
control y territorialidad que por su condición de pobres y desposeidos no
les era posible en otras partes de la ciudad. Allí se desarrollaron una
serie de callejones y pasillos que daban acceso a otros habitáculos,
cuartos o viviendas. Eran construcciones improvisadas añadidas para
aprovechar todo el terreno disponible, donde cada recoveco era arrendable.
Mientras en intramuros, por la limitada extensión de los solares, el
espacio rentable salía principalmente de la subdivisión y fragmentación
de espacios ya construidos y la utilización de azoteas y espacios comunes
como los zaguanes, en Puerta de Tierra los patios proveyeron ese espacio
adicional para ampliar la oferta y aumentar la ganancia. A medida que
aumentaban las posibilidades de especulación, los patios así como la
privacidad se fueron reduciendo a la vez que se agravaba el hacinamiento.
Siendo el ranchón una edificación construida con propósitos
especulativos llama la atención la elaboración de algunas fachadas
frontales. El uso de elementos decorativos y el fraccionamiento de los
mismos en edificios más pequeños les hacía parecer más como casas
grandes que como edificios de apartamentos.
Por su localización en la ruta de entrada hacia lo que todavía era el
centro del poder de la ciudad y del país, Puerta de Tierra se convirtió
además en un espacio simbólico. Sirvió de asiento para algunas de las
instituciones más importantes de la sociedad capitalina del siglo XX.
Caben mencionarse el Casino Español, el Ateneo Puertorriqueño y el
Capitolio. Por su forma alargada se desarrolló como un asentamiento
lineal dividido en franjas formadas por las vías de acceso como la
carretera y las calles locales y la vía del ferrocarril. Esto permitió
acomodar en este sector no sólo los vecindarios de diverso tipo y los
espacios para la industria y el comercio sino, de manera independiente,
los edificios institucionales, así como los arrabales, localizados fuera
de la vista de las calles principales.
Entre los ranchones mas grandes que
existieron podemos mencionar a El Tesoro, en la calle Pelayo. El 83
quedaba al lado del Hotel Aymat, en la calle San Agustín, parada 5. El Laberinto
en la parada siete, entre la Avenida Ponce de León y la calle San Agustín
; El Bazán casi al final de la calle San Agustín, El Caribe, en la calle
San Agustín, parada 5; Los Espíritus, en la avenida Ponce deLeón,
parada 7 y La Beneficencia en la
parte norte de la calle San Juan Bautista.
(J.
Torres)
Ref: San Juan Tras La Fachada.
Edwin R. Quiles.
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