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En 1634 se comenzó la construcción
de un sistema masivo de murallas alrededor de la ciudad de
San Juan. El lado sur de la ciudad fue el primero en
amurallarse. La construcción de las murallas se extendió
hasta mediados del siglo XVIII cuando se completó el lado
norte de la ciudad. San Juan se convirtió en una ciudad
completamente amurallada.
La única manera de entrar a la
ciudad era por cinco puertas que se construyeron a lo
largo de las murallas. La Puerta de San Juan, la más
cercana a la Fortaleza, fue la entrada principal de la
ciudad por el lado de la bahía durante muchos años. En
esta puerta se llevaban a cabo las ceremonias oficiales de
bienvenida a los nuevos gobernadores y obispos que por
ella entraban a tomar posesión de los nuevos cargos.
En el recinto norte se encontraban las Puertas de San José
y Santa Rosa, que conducía al cementerio, y en el recinto sur la Puerta de San Justo o
España. Por el lado de tierra, solamente existía una vía
de acceso que conectaba la ciudad de San Juan con el resto
de la isla de Puerto Rico - la Puerta de Santiago,
localizada en el lado sur del Castillo de San Cristóbal.
Los primeros pobladores de Puerta de Tierra.
Para 1772, según el mapa preparado por Thomas O'Daly, el
camino que conducía a la ciudad desde su periferia, y el
resto de la isla aparece bordeado en ambos lados por 41
bohíos. Desde 1714 el gobernador Juan de Rivera había
repartido parte del ejido de la isleta entre el Fuerte
San Cristóbal y el puente de San Antonio a negros
cimarrones procedentes de colonias británicas, holandesas
y danesas que ya sumaban 80. Estos pobladores habían
llegado desde el siglo XVII impulsados por cédulas reales
de los años 1663 y 1680 en las que el rey de España
decretó la libertad de los esclavos procedentes de las
islas extranjeras. Con esto se fomentaba el aumento
poblacional para incrementar la riqueza que generaba el país,
incrementar la agricultura y de paso debilitar a las
potencias enemigas de la Corona.
El gobernador dispuso que estos libertos formaran colonia
aparte. A cada varón le fue concedido el uso y usufructo
de dos cuerdas y se le proporcionaron materiales de
construcción e implementos de labranza. Adolfo de Hostos
se refiere a este primer barrio extramuros en los términos
siguientes: "la miserable ranchería fue alineándose
al borde del camino que conducía a la fuente de Aguilar
desde la Puerta de Santiago, en un predio selvático en el
que pastaba ganado suelto hasta fines del siglo XIX.
Esta
"ranchería" se fue extendiendo hacia el recinto
murado, llegando "a unas cuantas varas de la Puerta
de Santiago, alienados en la orilla del sur del camino que conducía al puente de los Soldados. Andando el tiempo, fuéronse apiñando en el camino que conducía a la puerta de San Justo, por detrás del baluarte de San Francisco de Paula". Hacia mediados del siglo, el caserío llegaba hasta la segunda línea defensiva que atravesaba la Isleta, de norte a sur, justamente a la mitad de la distancia que separaba el revellín de Santiago de la primera línea, frente a la ensenada del Condado. Para esa época se había colocado un solitario farol de aceite -primera señal nocturna de que el espíritu progresista de la ciudad hacía su aparición fuera de las centenarias murallas- y se había convertido en paseo la sección del camino real del puente, comprendida entre la tercera línea defensiva y la ciudad, habiéndose construido en él las tres plazoletas circulares, equidistantes, que lo adornaban. En la parte norte del camino quedaban todavía algunas de las hortalizas que durante largos lustros habían contribuido a suplir el mercado de San Juan. Los nuevos ciudadanos debían defender el
territorio no amurallado, convertirse en súbditos del Rey
y aceptar la fe cristiana.
El nombre de Puerta de Tierra
La puerta principal de acceso terrestre a la ciudad
murada de San Juan era por la Puerta de Santiago, conocida
como la Puerta de Tierra. Por eso el nombre del barrio
que se fue poblando de bohíos
hasta que en 1771 ya llegaban a las cercanías de las
imponentes baterías del Fuerte San Cristóbal. Salir de
San Juan por el camino de tierra envolvía un complicado
proceso. La puerta de Santiago no abría a la
campiña. Abría a un puente levadizo sobre un foso,
con potentes poleas y cadenas para levantarlo en un momento
dado, que daba al revellín del Príncipe. Había pues,
que cruzar el revellín y penetrar en una
perforación de sus muros para salir a otro puente
que salva un segundo foso y de allí a una vereda hacia el
fortín de San Antonio, en el Puente del Agua.
Grandes
sectores de estos terrenos de la isleta que componía el
ejido original de la ciudad de San Juan estaban bajo la
jurisdicción de las autoridades militares, que los
mantenían libres de estorbo por ser esenciales para el
uso de las tropas. En el centro del sector estaba el
polvorín del Escambrón y lo cruzaba la segunda línea de
defensa compuesta por una serie de murallas de baja altura
que cortaban al paso a las tropas que pudieran atacar
desde Cangrejos. El "Gran Huracán" del 1780
barrió los endebles bohíos y solo quedaron en pie las
fortificaciones y líneas de defensa. El territorio
extramuros de Puerta de Tierra tenía una extensión de
aproximadamente 260 cuerdas, antes de la desecación de
los manglares en el Caño San Antonio. El resto eran
terrenos pantanosos cubiertos por espesos bosques de
mangle.
La primera obra de carácter civil
realizada en Puerta de Tierra durante la primera mitad del
siglo XIX fue el paseo de Puerta de Tierra. Fue diseñado
en 1838, aparentemente por Manuel Sicardó. La falta de
higiene dentro de la ciudad murada, el aumento de la
población y las condiciones de hacinamiento, fomentaron
la creación de nuevos elementos urbanos. Así, el paseo
fue concebido como un área de recreo que contrastase con
el austero diseño de la ciudad amurallada. Sin embargo,
el plano pronto se convirtió en un eje que orientó el
crecimiento urbano en Puerta de Tierra. En el año de su
construcción un censo de la población enumeró a 168
personas que vivían en el sector: 156 personas libres y
doce esclavos. El 61 por ciento era integrado por negros o
mulatos. Sus ocupaciones estaban relacionadas con
actividades urbanas de servicios, por lo que el área podía
definirse ya en ese momento como una comunidad suburbana
de trabajadores pobres.
El derribo de las murallas
El 3 de marzo de 1865 el gobierno
municipal aprobó una resolución donde se disponía la
expansión de San Juan por Puerta de Tierra hasta el
puente de San Antonio. La resolución planteó la demolición
de la porción oriental (el Frente de Tierra) de la
muralla para poder seguir un desarrollo urbano continuo.
Las razones aludidas fueron el aumento de la presión
demográfica, el alto costo de los bienes raíces y los
peligros a la salud que ya existían en la superpoblada
ciudad.
En el 1867 hubo un terremoto que
causó daño no solo en San Juan sino en Saint Thomas.
Muchos de los habitantes de la ciudad salieron
aterrorizados a acampar en Puerta de Tierra. Algunos
decidieron quedarse a vivir allí. Ya para esas fechas el
hacinamiento poblacional intramuros era manifiesto y se
empezaba a urbanizar la Puntilla no solo para almacenes
sino para casas. Si bien la conyuntura del terremoto abrió
la oportunidad para aumentar la construcción, ésta, como
en toda la isleta, debió ser negociada con los militares
quienes tenían un control férreo sobre todos los
terrenos, ya que constituían las líneas de defensa por
tierra. La única construcción permitida eran los bohíos
debido a su condición de construcción perecedera y de fácil
desmontaje.
El 27 de abril de 1897 la reina María Cristina de
España aprobó un plan para la expansión de San Juan, lo
que hacía necesaria la demolición de ciertas muralla y
fortificaciones. Esta aprobación fue acogida con tal
entusiasmo entre todas las clases de la población que un
gran número de jóvenes de la sociedad, hombres y
mujeres, ofrecieron sus servicios voluntarios para
trabajar sin paga en el proyecto de demolición. Las obras
de demolición comenzaron en una atmósfera de fiesta el
28 de mayo de 1897, y parte de la prisión de San Juan fue
la primera en ser derribada. Este hecho, que desde el
punto histórico resulta desafortunado, en su momento
significó una celebrada victoria entre la ciudadanía
sanjuanera. Ver
fotos.
Una sensación de libertad se apoderó de los sanjuaneros. Irónicamente, la inscripción de la desaparecida Puerta de Santiago que comprobaba el temor e inseguridad que prevaleció en San Juan durante tanto tiempo, y que leía: Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit,
( "Si el señor no custodia la ciudad, en vano la vigila quien la
guarda"), era ya para finales del siglo XIX sólo un vago recuerdo que atentaba contra las nuevas ideas de progreso.
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La parcelación
La presión ciudadana luego del
sismo llevó a retomar un proyecto de urbanización que
había sido contemplado por el gobierno municipal desde
1865. En ese año se aprobó una resolución para
urbanizar los terrenos de Puerta de Tierra. El desarrollo
de San Juan dependía de la posibilidad de allegar mas
terrenos para ampliar los puertos y el inventario de
vivienda, instalaciones industriales, comerciales e
institucionales más allá de La Puntilla. Una Orden Real
de 1867 autorizó a Hacienda a alquilar o vender terrenos
ubicados al sur de la Carretera Central. La
Intendencia, que se había anexado a la jurisdicción del
ejido,
hizo levantar un plano de urbanización y fijó los
precios de los solares, vendiéndose algunos en subasta pública.
La subasta de solares fue acaparada por comerciantes,
supeditando toda posibilidad de intervención de los
pobres a los designios del capital, excepto en los
terrenos bajos del tremedal, como los del sur divididos
posteriormente por la vía del tren, que por su calidad
inferior no eran aptos para la construcción resistente.
El Paseo de Covadonga
En 1879 se inició un movimiento cívico entre los vecinos del que iba siendo populoso suburbio, sin duda inspirado por la importancia que iba tomando por efecto de la proyectada construcción del tranvía de Ubarri, que uniría San Juan con Río Piedras; pidieron al Ayuntamiento que se declarara camino vecinal el lado izquierdo (sur) del paseo de Puerta de Tierra, la nivelación de las calles y plazas, la construcción de una iglesia (la cual fue erigida en 1886) y un hospital, habilitado en el año siguiente.
Para el 1886, luego de estudiar varios
proyectos de embellecimiento para el sector e incluso con
el permiso de las autoridades militares, se cedieron
algunos predios para usos civiles ya oficialmente, se hizo
un paseo adoquinado con tres pequeños redondeles que se
llamó el Paseo de Nstra. Señora de Covadonga.
Comienzan los muelles
A medida que La Puntilla en el Viejo
San Juan fue saturándose, las propuestas para nuevos
muelles se trasladaron hacia el este en las márgenes del
Caño de San Antonio, en Puerta de Tierra. Ignacio Zamorano
propuso en 1851 el primer muelle privado para descargar
carbón en la boca del Caño de San Antonio. Se trata de un
muelle en forma de T sobre pilotes con almacenes que
terminaba en el Paseo de Puerta de Tierra. El Paseo
comenzaba a albergar múltiples usos. En 1875 se concedió permiso a Don
Antonio Portell para construir un varadero en la parte sur
de la barriada al borde de la bahía, o sea donde luego se
levantó el muelle de San Antonio de la San Juan Dock Co.
Muy cerca del paseo, Rafael Palacios, presidente de la
Empresa Puertorriqueña de vapores de cabotaje, propuso en
1882 construir un muelle de hierro y madera para el uso
exclusive de sus embarcaciones. No solo los empresarios
privados elaboraron planes de muelles. La Junta de Obras
del Puerto comenzó a preparar en 1894 bajo la dirección
del ingeniero Melquíades Cueto el plan de mejoras al
puerto más ambicioso hasta la fecha. El plan incluía el
dragado y relleno de terrenos en Puerta de Tierra,
construcción de tinglados y la instalación de grúas para
el desembarco de artillería pesada. Se extendían al Caño
de San Antonio los muelles y tinglados que harían de San
Juan un puerto regional de primera importancia en el
Caribe. Así Puerta de Tierra comenzó a adquirir un nuevo
rol estratégico en la modernización de la ciudad.(AGM,
5622.0).
Este movimiento hacia extramuros tomó impulso cuando, en 1878, la Corona otorgó a Pablo
Ubarri, el Conde de Santurce, autorización para establecer una línea de tranvías que comunicaría a San Juan con
Río Piedras. Dichos tranvías comenzaron a circular el día 31 de julio de 1880, y con ellos tomó fuerza el movimiento poblacional hacia las áreas exteriores. Primero a caballo, luego de vapor y finalmente eléctricos, los 'trolleys" fueron instrumentos vitales para el crecimiento lineal de la Carretera Central.
El tranvía y el ferrocarril
A medida que Puerta de Tierra se poblaba y los terrenos escaseaban para la intensa gama de usos que requería el ensanche de San Juan, el antiguo sistema vial apenas podía soportar el tráfico. Primero el tranvía y luego el tren de circunvalación constituyeron un intento de envergadura para aliviar la insuficiencia vial. Ambos atravesaban a Puerta de Tierra. Estas nuevas infraestructuras cambiaron el panorama del barrio para siempre. Entre otras modificaciones, al este de la Isleta se añadieron nuevos puentes para el tranvía y el tren y se reedificó el antiguo puente de San Antonio.
A partir de 1878, el terrateniente y empresario vasco Pablo Ubarri, Conde de Santurce, comenzó a construir el tranvía de vapor que finalmente uniría a San Juan con el pueblo de Río Piedras, antesala de la capital.
Para su realización se construyó un nuevo puente y en su destino final en La Marina se construyó una estación. Dicha ubicación determinó la apertura de una nueva puerta en los antiguos lienzos de la muralla del recinto sur. El tranvía aceleró la comunicación de personas y mercancías que continuamente cruzaban Puerta de Tierra. La vía de transporte acentuó el rol del barrio como uno de transición hacía
Santurce, la presagiada ciudad moderna allende la isleta Un nuevo puente para el tranvía se diseñó por Tulio Larrinaga en 1881. El puente era una obra de ingeniería, pero más que ello, constituía un nuevo puente a la modernidad que vinculaba a Puerta de Tierra con el resto de la región urbanizada de la ciudad.
El ferrocarril de circunvalación le siguió al tranvía como la obra de transporte más importante que sellaría el perfil del barrio de Puerta de Tierra. Su alineación demarcó una clara frontera que separaría los terrenos del norte con las áreas de manglares que se irían desecando con el paso del tiempo. A partir de la década de 1880 comenzó la construcción y a comienzos de la década de 1890 se inauguró la línea que habría de circunvalar la isla en dirección este hasta llegar a Ponce. En Puerta de Tierra se destinaron los terrenos para la gran estación terminal de la ciudad diseñada por ingenieros franceses.
En 1893 la Compañía de Ferrocarriles propuso un gran edificio de dos niveles destinado a la administración de la empresa. Se trataba de un gran edificio de dos niveles de 42 metros de largo por 10 de ancho,
con una altura de 10.5 metros. Su fachada principal daba al Paseo de que ya había sido renombrado como
Paseo de Covadonga, patrona de los asturianos. El edificio, en madera con techos de zinc, destinado a las oficinas de la gran empresa ferroviaria, añadía una nueva tipología edificatoria al área (AGM, 5619.20).
En 1913 se inaugura la nueva estación del tren, ubicada al
sur de la escuela José Julián Acosta, en la esquina del
paseo de Covadonga y la calle General Harding.
Parroquia San Agustín
En 1886 se erigió una pequeña iglesia de madera en el costado
que da al Atlántico, para servir a los que habitaban en
Puerta de Tierra. La capilla medía unos treinta pies por
sesenta. Junto a ella estaría el sacerdote que vendría
de la parroquia matriz, San Francisco, a atender a sus
fieles. Luego de la petición de los
habitantes del barrio, el rey autorizó al Sr. Obispo,
Mons. Juan Antonio Puig y Monserrat, O. F. M. Cap. a
erigir una nueva parroquia. Para el 1889 ya había unas
2,500 almas oficialmente contadas en dicho barrio. Su
territorio cubriría desde la línea de la antigua
muralla, estribación del Castillo de San Cristóbal al
terraplén de la estación del ferrocarril, hasta el
caño de San Antonio o los puentes Guillermo Esteves y
Fernández Juncos; y a lo ancho, desde el litoral del Atlántico
al norte, hasta el márgen de la bahía al sur.
Los muchos asturianos que había en
San Juan habían traído una imagen de su patrona, la
Santina, la Vírgen de Covadonga y con el permiso del Sr.
Obispo la habían colocado en la capillita ya desde 1886.
Todos los 8 de septiembre acostumbraban a visitar los
asturianos dicha parroquia para rendirle honor a su
patrona. Por eso se la escogió como segunda patrona de la
nueva parroquia. Ya antes del 1888 el antiguo camino que
llevaba a la Puerta de Santiago se le llamaba de San Agustín
y por eso fue escogido el Obispo de Hipona, San Agustín,
como protector de la nueva comunidad cristiana. Otra
presencia importante para la comunidad cristiana del
barrio fue la mudanza de las Hermanas de los Ancianos
Desamparados para un solar cercano a la capillita de San
Agustín. Esto ocurrió el 14 de febrero de 1893.
La calle San Agustín
Para permitir la lotificación y los
accesos a los nuevos solares se trazó una calle paralela
al sur de la carretera central y para conectar ambas vías
se trazaron varias calles perpendiculares. En 1888 la
vecindad hace un pedido al ayuntamiento para que en honor
al Santo Patrono San Agustín se le pusiera dicho nombre a
la primera calle del barrio.(Sepúlveda)
Comienzan los arrabales
Ya para el 1895 se habían trazado
calles y muchos ranchones poblaban el sector. Mucha gente
que trabajaba en el viejo San Juan tenía alojamiento mas
barato en Puerta de Tierra. Hacia 1897 la ribera de Puerta de Tierra sobre la bahía fue considerablemente ensanchada, gracias a las obras del dragado del puerto, convirtiéndose en rectas, trozos de la accidentada orilla de manglares que fueron ganados al mar. Se construyó la Plaza de la Lealtad en el
extremo del Paseo de Covadonga. Muchos bohíos fueron
apareciendo y un sector, en el mangle al sur de la segunda
línea de defensa, se empezó a llamar "Sal Si
Puedes". Cuando la expropiación rural se intensificó
en las primeras décadas del siglo 20 y la ciudad se
convirtió en un imán para los desplazados, los mangles de
Puerta de Tierra como el sector intramuros de La Perla,
constituyeron los espacios inevitables de ocupación. Fue
entonces que se generaron procesos de marginalización y
criminalización que decretaron sobre el barrio el estigma
del arrabal.
El barrio fue devastado en el 1899 por el
huracán San Ciriaco, de categoría 5. El mas terrible que
cuenta la historia. 3,369 personas perdieron la vida en
todo Puerto Rico. Para el 1911 el Padre Lynch, llegado de
Mayagüez, aprovechó para visitar las familias y tomar un
censo. El contó unas 13,000 personas. Mucha gente venía
del campo para trabajar en los muelles de San Juan y para
el enrollado del tabaco. Es difícil hablar de casas ya
que algunos cuartuchos erigidos eran mas bien cajones. Y
como casi todo el terreno útil le pertenecía a los
militares, se construía en los manglares que rodeaban el
sector. El hedor y la suciedad eran indescriptibles. La
prostitución también se regaba por el barrio.
Corridas de toros
Desde el siglo 16 se acostumbraba a lidiar toros en las fiestas reales, recibimientos de obispos y otras ocasiones de público regocijo. Eran, sin embargo, aquellas corridas simples novilladas en las que participaban los aficionados de la ciudad. En el 1893 y en el sitio denominado
El Abanico en Peña Parada, frente al Paseo de Puerta de
Tierra, se construyó una modesta plaza de toros. Para inaugurarla trajéronse toros de Santiago de Cuba, cuidándose mientras tanto en los fosos del Castillo San Cristóbal. La afición a los toros no prosperó en Puerto Rico. Luego de 4 corridas se clausuró la plaza y en su lugar se instaló un carrousel.
El cambio de régimen
La firma del Tratado de París puso fin a la guerra que libraban Estados Unidos y España. Entre 1898 y 1900 la isla estaría bajo un gobierno militar a cargo sucesivamente de John R. Brooke, Guy V. Henry y George W. Davis.
Las Órdenes Generales emitidas a juicio de los militares serían los decretos que marcarían nuevas pautas de control político y administrativo. Con el cambio de régimen se disolvió la Diputación y el Parlamento Insular, instituciones distintivas del régimen hispano, y se emprendió una agresiva política de americanización.
El nuevo gobierno se dio a la tarea de ampliar la educación pública instaurando el inglés como idioma oficial. Se registrarían cambios en las políticas de higiene dirigidas a mejorar las condiciones de salud de los puertorriqueños.
Barriada Miranda
Para 1903, en una parcela suya al sur de
la vía del ferrocarril, un promotor de apellido Gestera subdividió solares a lo largo de una
calle. El emplazamiento originario de este proyecto fue trazado en el extremo
de la propiedad más alejado de la vía y más cerca del manglar.
Estos terrenos colindaban con los de Aniceto Miranda.
Ambos territorios se fusionaron luego, formándose
la barriada Riera Miranda, un arrabal de grandes
dimensiones.
Primer edificio institucional
En 1907 se edifica la Escuela
Elemental José Julián Acosta. Al derrumbarse el Baluarte
de Santiago en 1897 quedó este espacio vacío donde nace
la avenida Ponce de León. Con esta primera construcción
es que se comienzan los edificios institucionales en dicha
carretera de oeste a este.
El cine Tres Banderas es establecido por los señores Manuel Portell y Miguel
García el 19 de marzo de 1910, en una carpa al frente de
donde hoy está el Centro de Recepciones Oficiales del Gobierno. (Antiguo Casino de Puerto Rico).
Bajo esta carpa se proyectaban las primeras películas
distribuidas en Puerto Rico por Rafael Colorado D´Assoy.
Más adelante sus dueños mudaron el cine a La Marina en San Juan.
Las iglesias protestantes
Con el decreto de libertad de culto llegarían a la isla las iglesias históricas protestantes quebrando la hegemonía arraigada del catolicismo.
En Puerta de Tierra se construyeron las iglesias
protestantes Iglesia Metodista, Iglesia Bautista (1910) y
la Iglesia Luterana (1916).
Protestantismo, americanización y
modernización eran sinónimos, tanto para los misioneros
estadounidenses, como para la inmensa mayoría de sus
conversos puertorriqueños. En las mentes de ambos, la
conquista y dominación de Puerto Rico por los Estados
Unidos fue acción de la Providencia para la regeneración
moral de los puertorriqueños y el logro de los progresos
asociados a la modernidad. La protestantización se definió
como una condición indispensable para la americanización
de los puertorriqueños, tanto por los misioneros como por
las autoridades metropolitanas (militares y políticas),
que la consideraron indispensable para afincar la
dominación de Estados Unidos en Puerto Rico. Éstas
depositaron su confianza en los misioneros (junto al
sistema de educación pública que comenzaron a expandir y
fortalecer) como agentes para la americanización de los
puertorriqueños.
Los misioneros estadounidenses sembraron la semilla que
germinó en el temprano desarrollo de un ministerio
puertorriqueño, aunque moldeado de acuerdo a sus ideas e
intereses; lo que no impidió que, gradualmente, el
establishment protestante que contribuyeron a levantar en
Puerto Rico, se fuera puertorriqueñizando, y que sus
iglesias y sus ministros comenzaran hablar con voz propia.
(Protestantismo y política en Puerto Rico 1898-1930.
Samuel Silva Gotay)
Durante el verano de 1912 la plaga
bubónica azotó el barrio. La peste bubónica que mejor se manejó en el mundo fue en Puerto Rico. Las
autoridades sanitarias la controlaron en 92 días: un récord mundial en
1912.
El Padre John Lynch, de la iglesia
católica, llegó a
escribir un panfleto muy interesante sobre la necesidad de
una buena educación católica. Durante el mes de marzo de
1913 con el apoyo de varios legisladores promovió una ley
para proveerle a los Padres Redentoristas un terreno para
construir una escuela en el barrio de Puerta de
Tierra. El 26 de marzo de 1913 se pasó la ley que le
transfirió un solar de 4,400 metros a los Redentoristas
con tal de que construyeran una escuela industrial y la
operaran por un mínimo de 15 años sin cobrar nada a los
niños que a ella asistieran. El 23 de abril de 1913 el
Superior provincial le comunicó a las comunidades
redentoristas que se aceptaba la Parroquia
de San Agustín como un acto de reparación y para el
mayor provecho espiritual de la provincia.
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