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Esta instalación estaba localizada adyacente al Estadio Sixto Escobar.
Se utilizó para las competencias de natación, clavados, polo acuático y
nado sincronizado.
La piscina olímpica de El Escambrón vivió momentos gloriosos que durante
30 años protagonizó junto a atletas del patio y del extranjero. Esto, a
pesar de los problemas que caracterizaron a la estructura desde sus
inicios. Aunque en términos deportivos siempre fue vista como un
complejo de excelencia, lo cierto es que ya a principios de los años
setenta, el complejo dejó de cumplir el propósito para el que fue
construido.
La piscina, que se inauguró en el 1966 para los Juegos Centroamericanos
de ese año, costó cerca de $1 millón. Trece años más tarde, cuando había
sido abandonada, hubo que remozarla a un costo de $3.8 millones para
poder celebrar los Juegos Panamericanos de 1979. Su capacidad era de
10.000 espectadores. El Centro Acuático del Escambrón tenía tres piscinas: una de 50 metros para natación lisa y
polo acuático; una para clavados y nado sincronizado y una de 25 metros
para calentamiento.
El viento siempre fue un dolor de
cabeza para el desempeño de los atletas. Por eso la construcción de un
muro de contención que aplacara las fuertes ráfagas de vientos que
provenían del mar. Pero, lo cierto es que en ninguna otra alberca en la
Isla se vivieron momentos tan emocionantes para el deporte de la
natación como en ese complejo de piscinas.
Durante 14 días de acción deportiva se establecieron importantes records
en la historia de los X Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados
en San Juan en el 1966. La reina de los Juegos lo fue la puertorriqueña
Anita Lallande que ganó 10 medallas de oro y dos de bronce para un total
de 12, marca absoluta en total de medallas, aunque la sirena Silvia Poll
de Costa Rica logró ganar 10 medallas de oro en el 1986 en Santiago no
pudo añadir otras preseas a su gran hazaña. Otro nadador, pero esta vez
de México se convirtió en el Rey de los Juegos al lograr la friolera de
8 medallas de oro, una plata y una bronce para un total de 10, máximo
total logrado por un atleta masculino en la historia de los Juegos; el
responsable de esa hazaña lo fue Guillermo Echevarría.
Las nadadoras boricuas encabezadas por Lallande, Margaret Harding,
Kristina Moir y Melanie Laporte lograron la friolera de 29 medallas, de
las cuales 13 fueron de oro. Los nadadores boricuas no se quedaron atrás
y sumaron otras 13 medallas, incluyendo dos de oro para dar una de las
barridas más extraordinarias en la natación de los Juegos con un total
de 42 medallas entre ambos sexos.
Trece años más tarde, la muchedumbre que arropó las jornadas de los
Panamericanos de 1979 le dio uno de los mejores premios a Jesús Vasallo.
Nadaba los 200 metros combinados y su gorro acuático leía 'USA'. Ya en
ese entonces era considerado uno de los mejores nadadores de esa
disciplina, pero allí se consolidó. Con un tiempo de 2:03.29 estableció
récord mundial y su nombre comenzaba a coquetear con una medalla
olímpica en las Olimpiadas de Moscú, que se celebrarían un año después.
Ese momento nunca llegó; el boicot de Jimmy Carter lo tronchó.
Sin embargo, el pueblo puertorriqueño lo ovacionó a rabiar, mientras
enarbolaba una pequeña bandera boricua. En esa misma competencia, Puerto
Rico y el mundo conocieron el rostro de un joven de 17 años, que años
más tarde se convirtió en el mejor clavadista del mundo: Greg Louganis.
En la final del evento de plataforma, Louganis venció al mexicano Carlos
Girón por un punto. La televisión difundió, de costa a costa, el llanto
del mexicano....
A esos nombres, que son los mas conocidos por la afición boricua, se
unieron el de Steve Linquist, quien luego se convirtió en uno de los
mejores nadadores de 100 y 200 metros pecho de la década, y Tracy
Caulkins, entre otros.
El gran problema del complejo de piscinas de El Escambrón, que contaba
con albercas para celebrar las cuatro modalidades de la natación, fue su
pobre planificación, incluyendo su ubicación, su utilización y los
problemas administrativos. A eso, se sumó el pobre mantenimiento que se
le dio. La piscina fue cerrada el 22 de febrero de 1992. Al momento del
cierre, la piscina albergaba al Club Escambrón de 150 nadadores y cinco
clubes de polo acuático. Además, era la sede principal de los programas
de nado sincronizado y clavados. A esa fecha,
ya era catalogada como un adefesio y el costo de mantenimiento era
insostenible para la Compañia de Fomento Recreativo y la Secretaria de
Recreación y Deportes.
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Por tal razón, el entonces secretario de Recreación y Deportes, Ibrahim
Pérez, aprobó la utilización de $2.5 millones para demolerlo
parcialmente. Finalmente el 14 de julio de 1997, se realizó la subasta
para la implosión.
La implosión del 19 de
octubre de 1997 destruyó , en unos 16 segundos, el natatorio olímpico de
El Escambrón. El personal de Drillex, empresa a la que el gobierno
encomendó la demolición, colocó explosivos en las piscinas con la
intención de provocar un gran chorro de agua que sirvió para capturar
parte del ''polvo fugitivo'' producto de la colisión del concreto.
El chorro de agua en la piscina olímpica subió unos 250 metros mientras
las paredes del natatorio comenzaban a caer en un impresionante efecto
de dominó cautelosamente planificado.
La implosión mayor se produjo a las 7:31 de la mañana, después de un
meticuloso rastreo realizado para comprobar que el lugar estaba
completamente desalojado.
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1996
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