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Johnny Torres Rivera
Los canales o "caños" de San Antonio y de Martín Peña, la entrada del
primero de los cuales estaba situada en la ensenada hoy llamada del Condado, fueron los primeros grandes obstáculos con que se enfrentaron los caparrences al intentar
trasladar su villa a la Isleta. Luego de vadearlos, empezaron a llamarlos "pasos", según consta en el plano de 1519.
Este puente comenzó como una calzada en pedraplén para cuya construcción se utilizó la mano de obra de indios
encomendados. Durante los primeros años el vado mas próximo a la Isleta, ya mejorado por las carretadas de piedra derramadas allí, permitía el paso a caballo,
excepto en su parte mas honda, viéndose obligados los transeúntes a vadearlo a nado cuando la marea estaba alta. Algunas personas y bestias perecieron en el intento.
La calzada dejaba un paso para el agua, sobre el cual luego se colocó un
puentecillo en madera.
Accediendo a la solicitud hecha por los vecinos de la ciudad, el rey autorizó al Cabildo, en 1551, a invertir el sobrante de los fondos destinados a edificar la Fortaleza en las obras necesarias para conducir el agua de la fuente de Aguilar sobre el terraplén. La fuente de Aguilar, único lugar de abastecimiento de agua potable, con excepción de algunos aljibes, estaba situada en Miramar, muy cerca de la orilla de la ensenada del Condado.
De acuerdo con la cédula de 1568, el primer puente, es decir, la primera estructura que permitió el paso
sin interrupción de una orilla a otra, se construyó sobre el caño de San Antonio entre los años 1551 y 1568. En 1582 la Memoria de Melgarejo lo califica de "calzada", razón por la cual creemos que en esa época el "puente" todavía consistía del terraplén original, varias veces reparado y mejorado, y del tramo de madera sobre la parte mas profunda. El gobernador Bahamonde Lugo, en 1558, hizo dar principio a la obra de colocar las canales sobre el puente para conducir el agua de la fuente de Aguilar. Desde entonces comenzó a llamársele el Puente del Agua. Estos trabajos se suspendieron por falta de fondos.
Cuando Sir George Clifford, Conde de Cumberland atacó la ciudad en 1597, encontró al Puente del Agua preparado para la defensa, según apunta Layfield, el cronista de esta memorable expedición. El paso sobre dicho puente, dice, podía ser cerrado por una pesada puerta, fuertemente construida, provista de un póstico que permitía el tránsito de uno en fila. La gran puerta encajaba en una abertura amurallada almenada construida a la entrada del puente, del lado de la isleta. El tablero o piso estaba cortado en dos sitios. Defendía su acceso por la
Isleta un fortín artillado, con guarnición de cinco soldados españoles. Había también hasta seis piezas de artillería para detener la entrada del enemigo. Contra esta estratégica estructura, defendida por el oficial de milicias Bernabé de Seralta, se estrellaron los esfuerzos del inglés Conde de Cumberland por tomar a Puerto Rico. En el mismo año, parte del puente fue volado para impedir que fuera utilizado por los ingleses.
El 16 de junio de 1598, se presentó nuevamente y de forma sorpresiva frente a las costas de la isla, la flota inglesa. Clifford desembarcó por el actual Condado y trató de llegar a San Juan, pero los españoles habían volado el puente de agua en San Antonio y se retiraron hacia el baluarte de Boquerón. Tratando de llegar al caño de San Antonio, Clifford, quien por poco muere ahogado,
fue rescatado por sus hombres. Los ingleses se retiraron al darse cuenta de que sus bajas eran muchas.
Al reconstruirlo el gobernador Gabriel de Roxass (1608-1613) hizo hacer de piedra la parte de madera, dejándolo como lo encontraron los holandeses unos años mas tarde. En 1660 se terminó todo en piedra. En esta versión, el extremo correspondiente a la isleta estaba integrado al Fortín San Antonio, parecido al San Jerónimo pero de menor escala.
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Ruinas del Fortín de San Antonio. Circa 1950 |
En 1776 el jefe de Ingenieros Tomás O'Daly reconstruyó el puente y amplió el bastión que lo protegía. El 24 de abril de 1797 la artillería del ejército inglés comandado por Ralph Abercromby abrió fuego contra los fortines Escambrón, San Jerónimo y San Antonio. El Fortín de San Antonio quedó
prácticamente destruido. Sin embargo las fuerzas inglesas no lograron cruzar el puente gracias a la fiera resistencia del Capitán Ignacio Mascaró y sus hombres, parapetados tras sacos de arena colocados detrás de las ruinas del fortín.
Después de haber sido casi destruido el Puente de los Soldados, como se llamaba entonces, por el fuego de la artillería inglesa, en 1797, fue reparado a principios del siglo 19, durante la administración del general Ramón de
Castro, dándole más espesor a sus muros, aumentándole una tronera y construyendo una batería de seis cañones frente al Rodeo (Miramar), y a la izquierda de la gola otra de cuatro piezas para
defender el Condado.
Por real orden número 384, de 1890, se aprobó el proyecto para substituir el entonces existente, con modificaciones en ella propuestas, a un costo de 38,504 pesos. En 1894 se levantó en su lugar una nueva estructura, diseñada por el ingeniero Joaquín Gisbert. El Puente de San Antonio, erigido por el ingeniero Enrique Bartrina, tenia tramos de acceso de arcos de
fábrica y al centro cuatro tramos metálicos sobre pilas de piedra que totalizaban 55.5 metros de longitud total con siete metros de ancho. A ambos lados tenía andenes de hierro
para los peatones. Uno de los tramos de hierro era desmontable para permitir una mejor defensa de la capital y la bahía en caso de ataque militar. El fortín, sin embargo, fue eliminado en 1897, aunque todavía quedan troneras y una garita junto al estribo norte del puente actual.
Durante la invasión norteamericana en 1898 y mientras la flota naval bloqueaba la entrada de la Bahía de San Juan, las autoridades españolas procedieron a destruir tramos del puente San Antonio. Las tropas invasoras lograron pasar el puente colocando troncos de madera.
En 1927 terminó la construcción de un puente tipo monumental, diseñado arquitectónicamente por Rafael Carmoega y levantado a un costo de $140,000,
ubicado en el kilómetro 3.4 de la Carretera Núm. 25 (Avenida Ponce de León), entre Santurce y la isleta de San Juan.
Ocupa el lugar del pedraplén del 1521 que más tarde fuera usado como
acueducto (de donde le viene el nombre de Puente del Agua), y de las
versiones posteriores que sirvieron a la Carretera Central. Aún quedan
troneras y una garita junto al estribo norte del puente actual que
pertenecen a la época en que había aquí un puente fortificado. El sistema estructural del puente, a base de vigas madrinas con pilastras y tablero en hormigón, está disimulado por arcadas decorativas, reflejando la forma del vecino puente paralelo que se había terminado dos años antes. La pavimentación original consistía de lozas de asfalto. Los masivos y decorados pilares de esquina que marcan las entradas al puente, los faroles decorativos, las balaustradas y hasta las placas conmemorativas destacan la monumentalidad del que ha de ser el puente principal de Puerto Rico en términos populares, acceso a la capital y volumen de tráfico. El ingeniero estructural fue Rafael Nones, y el contratista Felix Benítez Rexach.
La rampa de acceso por el lado oeste fue reparada y ensanchada en el 1933 a un costo de $4,746.25.
En septiembre del 2002 comenzó la construcción de un nuevo puente a un costo de $12.7 millones. El puente Guillermo
Estéves fue inaugurado el 9 de octubre del 2005. Cuenta con cinco carriles, un paseo para bicicletas, aceras y balcones que dan a la bahía.
Ref.
Historia de San Juan, ciudad murada
Adolfo de Hostos
Los Puentes Históricos de
Puerto Rico
Luis F. Pumarada O´Neill
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